La jornada de este viernes, con una distancia de 189 kilómetros, puso a prueba la resistencia y la estrategia de los corredores del Meta, donde el terreno variado y la altitud influyeron decisivamente en el desarrollo de la prueba. Los equipos optaron por una fase inicial de pelotón cerrado, buscando proteger a sus líderes del viento y conservar energía para los últimos tramos de colinas pronunciadas. El Llaneros FC, representado por su escuadrón de ciclistas locales, implementó una táctica de ataque intermitente en los 70 km intermedios, intentando desgastar a los favoritos mediante subidas cortas pero intensas, lo que generó una fragmentación del pelotón y abrió oportunidades para escapistas experimentados. La gestión del ritmo cardiaco y la hidratación fueron clave, ya que la temperatura rondó los 28 °C, incrementando el riesgo de deshidratación y elevando el consumo de glucosa, aspecto que los equipos monitorizaron mediante sensores de potencia y frecuencia cardíaca en tiempo real, logrando ajustar la carga de trabajo y evitar el temido “bonk” que ha castigado a corredores en pruebas similares.
En la fase decisiva, a partir del kilómetro 130, los equipos con mayor profundidad táctica, como el equipo nacional y la escuadra de Boyacá, desarrollaron una estrategia de “escalada controlada”, aumentando la velocidad en los últimos ascensos y obligando a los deportistas del Llaneros a responder bajo una exigencia fisiológica extrema. La diferencia de potencias medias entre los líderes y los corredores de soporte superó los 40 watts, indicando una clara superioridad en la capacidad anaeróbica y la eficiencia de pedalada. Además, el análisis de datos de GNSS reveló que los ciclistas del Llaneros realizaron un mayor número de intervalos de alta intensidad (HIIT) durante la última hora, lo que, aunque mostró su valentía, provocó una disminución del umbral de lactato y una aceleración del agotamiento muscular. Estas decisiones tácticas, aunque valientes, influyeron negativamente en su posición final, dejándolos fuera del podio y evidenciando la necesidad de reforzar la fase de recuperación activa entre esfuerzos críticos, así como de mejorar la planificación nutricional para mantener los niveles de glucógeno.
Mirando hacia el futuro, el desempeño en esta prueba de 189 km plantea importantes lecciones para el desarrollo del ciclismo en el Llano. La falta de un plan de escalonamiento de potencia y la ausencia de un estratega especializado en aerodinámica de grupo limitaron la competitividad del Llaneros frente a escuadras con mayor soporte técnico. La tabla de clasificación nacional reflejará una posible caída de puntos para el Meta, lo que repercutirá en la asignación de recursos y en la confianza de los patrocinadores locales. Sin embargo, la experiencia obtenida sirve como base para diseñar programas de entrenamiento de periodización más refinados, incorporando sesiones de simulación de tramos de montaña y mejoras en la gestión de la energía mediante tecnologías de monitoreo avanzadas. Si los dirigentes del Llano capitalizan estos aprendizajes y fortalecen la infraestructura de soporte técnico, el próximo ciclo de competencias podría traducirse en un renacimiento del ciclismo regional, con mayor presencia en el podio nacional e internacional.




