La obra de la artista caleña Teca no solo celebra la riqueza cultural regional, sino que también plantea un diálogo con la memoria histórica de Colombia. A través de símbolos como la canoa, representativa de la navegación en ríos ancestrales, y las trenzas que hacen alusión a técnicas artesanales indígenas, la pieza invita a reflexionar sobre las raíces profundas del país. La marimba, instrumento de origen afrocaribeño, amplía esta conexión con identidades afrodescendientes, a menudo invisibilizadas en la narrativa nacional. Este trabajo, en un contexto donde el gobierno ha impulsado políticas de visibilización cultural frente a la violencia y la migración forzada, actúa como un recordatorio de la trauma colectiva que debe integrarse en la construcción de la memoria institucional. La elección de estos elementos simbólicos trasciende lo estético para convertirse en un documento pedagógico sobre la diversidad étnica y la necesidad de políticas inclusivas en un escenario de desigualdad estructural.
La elección de Teca resalta la contradicción entre el legado colonial y la resistencia cultural en territorios historically conflictive como el Cundinamarca. La canoa, asociada a rutas de evasión durante el conflicto armado, evoca la persistencia de comunidades en entornos hostiles, mientras que las trenzas remiten a prácticas sobrevividas por poblaciones desplazadas. La marimba, presente en rituales ancestrales, simboliza la supervivencia de lenguas y tradiciones frente a la homogenización impuesta por el Estado. En un país donde el 48% de la población se identifica con grupos étnicos no mestizos (según el censo 2018), pero solo el 1.8% tiene acceso a servicios culturales especializados (Ministerio de Cultura, 2023), la obra cuestiona el acceso desigual a espacios de memoria histórica. La temporalidad de esta creación, surgida durante un auge de industrias extractivas en territorios indígenas, añade una capa crítica sobre la explotación de recursos versus el respeto a la memoria colectiva.




