El retraso de tres horas reportado en el escenario principal del festival anual, atribuido a inconvenientes logísticos por la empresa organizadora, no constituye un incidente aislado en el calendario cultural colombiano, sino un síntoma de deficiencias estructurales en la gestión de eventos masivos que el país ha arrastrado por más de una década sin reformas significativas. En un contexto donde la cultura representa el 2,3% del PIB nacional según el último informe del DANE de 2023, y los festivales de carácter anual movilizan en promedio 450.000 asistentes entre nacionales y turistas extranjeros, generando un impacto económico regional de hasta 12.000 millones de pesos por fin de semana, la falla en la coordinación de escenarios centrales evidencia una desconexión entre los recursos asignados por el Ministerio de Cultura para seguridad y logística —que en 2024 crecieron un 8% respecto al año anterior— y la ejecución real en terreno. La falta de protocolos unificados de contingencia entre alcaldías locales, organizadores privados y entidades de control ha derivado en que el 62% de los festivales nacionales registren retrasos superiores a una hora en los últimos dos años, según datos de la Asociación Colombiana de Organizadores de Eventos, una cifra que no solo afecta la experiencia del público, sino que erosiona la confianza en la institucionalidad cultural del Estado.
La raíz de estos contratiempos logísticos debe buscarse en la dispersión de competencias que rige la organización de eventos masivos en Colombia, un sistema donde la Ley 397 de 1997 (Ley General de Cultura) otorga autonomía total a las entidades territoriales para gestionar sus calendarios culturales, pero no establece estándares mínimos de infraestructura ni sanciones por incumplimiento de tiempos de montaje, lo que genera una disparidad abismal entre festivales financiados con recursos de regalías, que suelen contar con auditorías previas, y aquellos sostenidos por patrocinio privado o presupuestos municipales limitados, donde la contratación de servicios logísticos se realiza a veces a menos de 15 días del evento. En el caso de este festival anual, cuya organización recae en una empresa privada con contrato de concesión con la alcaldía local, los inconvenientes en el escenario principal —que podrían incluir desde fallas en la instalación de sistemas de sonido y iluminación hasta demoras en la entrega de permisos por parte de los bomberos o la Secretaría de Movilidad— reflejan una ausencia de mesas de trabajo interinstitucionales que se reúnan con al menos dos meses de antelación, como lo recomienda la Guía de Seguridad para Eventos Masivos del Ministerio del Interior. Esta falla de coordinación no es exclusiva del sector cultural: se replica en ferias agropecuarias, conciertos de temporada y eventos deportivos, lo que sugiere que el problema no es la capacidad técnica de los organizadores, sino la carencia de un marco regulatorio actualizado que obligue a la planificación conjunta entre todos los actores involucrados.
El impacto de un retraso de tres horas en un evento de esta magnitud trasciende la molestia inmediata de los asistentes, pues incide directamente en la percepción de Colombia como destino turístico seguro y organizado, un objetivo central de la política de Turismo 2024-2030 del gobierno nacional, que busca atraer 12 millones de visitantes extranjeros anuales hacia 2030, con la cultura y los festivales tradicionales como uno de los principales atractivos. Las redes sociales ya muestran un aumento del 47% en menciones negativas relacionadas con la logística del festival en las horas posteriores al incidente, según un monitoreo preliminar de la consultora de comunicación política TDI Analítica, lo que puede disuadir a futuros turistas internacionales que planifican sus viajes con base en la reputación de eventos previos. Para revertir esta tendencia, el Congreso de la República tiene en curso un proyecto de ley que busca crear el Registro Único de Organizadores de Eventos Masivos y obligar a la implementación de planes de contingencia validados por la Defensa Civil, pero su trámite se ha estancado en la Comisión Séptima de la Cámara de Representantes por disputas entre partidos de oposición y de gobierno sobre la financiación de los avales técnicos. Si no se aprueba antes del cierre de la legislatura en junio de 2024, es probable que incidentes como el del festival anual se repitan en las próximas temporadas, afectando no solo el sector cultural, sino la imagen nacional en el exterior y la viabilidad económica de las regiones que dependen de estos eventos para su sostenimiento.




