El pasado lunes se registró una masacre en el municipio de Puerto Tejada, Valle del Cauca, donde ocho pescadores fueron ejecutados a tiros mientras regresaban de sus labores en el río Cauca, evento que ha generado profunda conmoción en la región y ha puesto en evidencia la fragilidad de la seguridad pública en zonas rurales fronterizas. Las autoridades locales, junto con la Fiscalía General de la Nación, han iniciado la recolección de pruebas forenses y la declaración de testigos, mientras que el Presidente Gustavo Petro ha anunciado la movilización de la Policía Nacional y la creación de un grupo de trabajo interinstitucional para reforzar la presencia estatal en el Pacífico colombiano.
El hecho se inscribe dentro de un contexto de escalada de violencia en el Pacífico colombiano, donde la presencia de grupos armados ilegales ha intensificado la intimidación de los pescadores, quienes denuncian recrudecidos cobros extorsivos y amenazas de muerte por negativa a pagar “protección”. Paralelamente, la crisis de agua potable que afecta a comunidades costeras, derivada de la sequía prolongada y la contaminación de fuentes hídricas, ha generado un clima de vulnerabilidad que facilita la expansión de estructuras criminales que controlan el acceso a recursos esenciales. Este escenario se ve agravado por la falta de inversión estatal en infraestructura de seguridad y en gestión hídrica, lo que ha generado un vacío que organizaciones criminales exploiten para imponer su dominio territorial y económico, generando así un círculo vicioso de inseguridad que compromete la vida de los habitantes y la sostenibilidad de la actividad pesquera.
Las autoridades deben diseñar una estrategia integral que combine el fortalecimiento de la presencia institucional en el Pacífico, la implementación de planes de protección a la pesca artesanal y la inversión urgente en la recuperación y gestión sostenible de los recursos hídricos, con el objetivo de romper la relación de dependencia entre la criminalidad y la escasez de agua. Asimismo, la participación activa de la sociedad civil y los líderes comunitarios en la definición de políticas públicas es crucial para reconstruir la confianza y evitar que la violencia se convierta en un factor estructural que condicione el desarrollo futuro del país. Asimismo, la coordinación entre los ministerios de Defensa, Salud y Medio Ambiente resultará esencial para diseñar acciones conjuntas que aborden la raíz de la conflictividad y garanticen la continuidad de las actividades productivas, mientras la sociedad civil se mantiene alerta para demandar rendición de cuentas y participación en la toma de decisiones.




