El informe presentado por Dengue.IA, iniciativa que reúne a la Alcaldía de Cali, la Universidad Icesi y la Fundación Rockefeller, revela que el año 2024 ha registrado uno de los picos más altos de incidencia de dengue en la ciudad, superando los niveles promedio de los últimos diez años. Según los datos, la tasa de casos reportados alcanzó los 220 por cada 100.000 habitantes en los primeros ocho meses, una cifra que duplica la incidencia de 2022 y que se sitúa por encima del promedio nacional de 85 casos por 100.000 habitantes. Este incremento se explica, en gran medida, por la combinación de factores climáticos —especialmente la anomalía de lluvias intensas y temperaturas elevadas— y la expansión de criaderos de Aedes aegypti en áreas urbanas marginales donde la infraestructura sanitaria es insuficiente. Además, el estudio señala que la movilidad interna, potenciada por la reactivación económica post‑pandemia, ha facilitado la propagación del vector, mientras que la cobertura de campañas de prevención ha mostrado brechas significativas en barrios de bajos recursos, lo que subraya la necesidad de políticas públicas más focalizadas y una mayor participación comunitaria.
El análisis de los responsables del proyecto destaca la insuficiencia de los sistemas de vigilancia epidemiológica tradicionales para detectar de forma temprana los brotes, lo que motiva la implementación de plataformas de inteligencia artificial como Dengue.IA, que permiten el cruce de datos climáticos, de movilidad y de salud en tiempo real. Esta herramienta ha identificado patrones de alta probabilidad de brotes con una antelación de hasta cuatro semanas, ofreciendo una ventana valiosa para la intervención preventiva. No obstante, la efectividad de estas tecnologías depende críticamente de la calidad y la granularidad de la información suministrada por las entidades locales, lo que implica la necesidad de fortalecer los protocolos de reporte y de integrar bases de datos de diferentes sectores, como el de saneamiento, educación y transporte. La falta de coordinación interinstitucional ha sido señalada como un factor que retrasa la respuesta operativa, generando demoras en la distribución de insumos como larvicidas y la ejecución de campañas de educación sanitaria dirigidas a la población más vulnerable.
De cara al futuro, el escenario proyectado por los analistas indica que, sin una respuesta estructural que combine tecnología, inversión en infraestructura de agua y saneamiento y una estrategia de comunicación alineada con las realidades locales, el riesgo de que Cali vuelva a experimentar picos de incidencia iguales o superiores al de 2024 es alto. La colaboración entre la administración municipal, la academia y organismos internacionales como la Fundación Rockefeller podría servir como modelo replicable en otras ciudades colombianas que enfrentan desafíos similares, siempre y cuando se garantice la sostenibilidad financiera y la capacitación continua del personal de salud. Asimismo, la incorporación de la comunidad mediante programas de educación participativa y la creación de incentivos para la eliminación de criaderos domésticos son elementos esenciales para cerrar la brecha entre la detección temprana y la acción preventiva, lo que, a largo plazo, podría traducirse en una reducción significativa de la carga sanitaria y económica que el dengue representa para el país.




