El operativo policial que se desarrolló durante la madrugada del pasado lunes en la circunvalar Sur de Bogotá reveló una red de extorsión que operaba bajo la figura de “el auténtico”, según los informes emitidos por la Fiscalía General de la Nación. Este individuo, identificado como parte de una organización criminal especializada en la coacción a conductores de motocicleta, utilizaba stickers falsos de autorización para ejercer presión y cobrar sumas de dinero de manera ilícita. La investigación preliminar indica que la práctica se había extendido a varias zonas de la capital, generando una atmósfera de inseguridad y desconfianza entre los usuarios del transporte alternativo, quienes temían represalias económicas o físicas al negarse a pagar. La Policía Metropolitana, en coordinación con la Unidad de Investigación de Crimen Organizado, interceptó a ocho sujetos vinculados al grupo, incautó más de 30 stickers falsificados y detuvo a tres motociclistas que confesaron haber actuado como intermediarios bajo la amenaza directa del “auténtico”. Los hallazgos sugieren una estructura jerárquica donde el líder operaba bajo una capa de anonimato, facilitando el reclamo de pagos y la intimidación mediante la difusión de fotos y videos amenazantes a través de redes sociales, lo cual exacerbó la percepción de impunidad y vulneró los derechos de movilidad de los ciudadanos.
El contexto socioeconómico que ha permitido la proliferación de este tipo de extorsión radica en la creciente dependencia de la población por el servicio de motociclistas, especialmente en áreas donde el transporte público formal presenta deficiencias de cobertura y puntualidad. La informalidad laboral, combinada con la falta de regulación eficaz del sector de transporte alternativo, crea un terreno fértil para la aparición de actores delictivos que explotan la vulnerabilidad de los usuarios. Además, la ausencia de mecanismos de denuncia confiables intensifica el problema, pues muchos conductores temen represalias o la pérdida de ingresos si reportan a las autoridades. En los últimos meses, la Secretaría de Movilidad de Bogotá había intentado implementar un registro digital de motociclistas para mejorar la trazabilidad y la seguridad, pero la falta de recursos y la resistencia de algunos colectivos han limitado su alcance. Este episodio, por tanto, no solo evidencia la actividad de un crimen organizado, sino también la insuficiencia de políticas públicas integrales que aborden la formalización del trabajo informal y la protección de los usuarios del transporte privado, factores críticos para la estabilidad urbana y la cohesión social.
De cara al futuro, la desarticulación de la red de “el auténtico” plantea la necesidad de reforzar los marcos legales y operativos que garanticen la seguridad vial y la protección de los usuarios de servicios informales. La Fiscalía ha anunciado que se iniciará una campaña de sensibilización dirigida a los conductores de motocicleta, incentivando la denuncia anónima y la cooperación con las fuerzas de seguridad, mientras que el Ministerio de Transporte evalúa la posible expansión de un programa piloto de licenciamiento digital que permita identificar y vetar a operadores que incurran en prácticas ilícitas. Asimismo, el Gobierno nacional ha señalado la intención de destinar recursos adicionales a la Policía de Tránsito para fortalecer la vigilancia en zonas críticas y promover la instalación de puntos de atención ciudadana que faciliten la denuncia sin temor a represalias. En un escenario donde la movilidad urbana sigue siendo un desafío estructural, la respuesta institucional deberá combinar acciones repressivas con políticas de inclusión laboral y regulación tecnológica, ofreciendo alternativas viables que reduzcan la dependencia de agentes informales y, al mismo tiempo, fortalezcan la confianza de la ciudadanía en las instituciones encargadas de garantizar su seguridad y bienestar.




