El reciente anuncio del rector saliente de la Universidad Nacional, Jorge Senior, sobre la observancia estricta del mandato judicial que terminaba la autorización para determinar la moción de reforma curricular, es más allá de una simple respuesta institucional; refleja la tensión entre la autonomía académica y el imperio judicial en el contexto colombiano. Con un tono formal y sin ambigüedades, Senior afirmó que la institución se mantiene en plena concordancia con la orden del Tribunal Constitucional, lo cual implica no solo la suspensión de los debates sobre cambios curriculares, sino también la puesta en pausa de futuros proyectos de modernización que habían sido conceptualizados por la diparutiva. Este hecho recontacta la histórica disputa por el control de la agenda educativa, una problemática que desde 2000 se ha enfrentado a través de mediaciones institucionales. En el mismo instante, la Fiscalía Permanente del Ministerio de Educación declaró “una respuesta clara y positiva” ante el arbitrio, mientras distintas organizaciones estudiantiles y docentes amenazan con presentocarpetas difusas. La reinserción del poder de verificación judicial sobre la educación superior demuestra la fragilidad de las instituciones académicas frente a las demandas de la política constitucional, dando lugar a una crisis de confianza que cualquier autoridad educativa debería abordar con redactar de forma diplomática y enfocada en el sistema curricular.
La carta de Jorge Senior, poniendo el énfasis en la estrita observancia del mandato, también revela la ausencia de un plan de respuesta a nivel institucional que permita el proceso de la reforma curricular en el futuro. Se puede leer de la posición de Senior, que la universidad acepta la decisión pero no aclara cómo las nuevas regulaciones regían este proceso, si será una mutua o bien una solución judicial de representación. Esta falta de claridad ha expuesto la falta de sistemas estructurales inclusivos de la universidad, materia que provocará una mayor polarización partidaria. En la actualidad los grupos de estudiantes y los sectores unionistas, los cuales reclaman un sistema más participativo, demandan la intervención de la Facultad de derecho. Al mismo tiempo la corporación universitaria, comprendiendo la amenaza de la pérdida de autonomía frente al gobierno, está citando ejemplos de cómo los sistemas de revisión judicial de otros países han seguido su propia evolución. La situación independiente de esta situación implica que la universidad podría necesitar ampliar su agenda académica en el futuro para corregir la punzada de disputa y a la vez reconocer la respuesta de la calle a los estudiantes. (…)
El comunicado de Jorge Senior debe ser interpretado dentro del marco histórico de la eterna cautela de los Centros académicos ante la cruz de la estabilidad y la reforma. Desde la década de los ochenta, el colegio de las universidades ha mantenido su prospección en la búsqueda de una autonomía sin reforma ante los intereses políticos. El manejo de facultades con costos proyectados en varios millones de dólares y su jurisdicción, han hecho que la postura de Senior sea una muestra de la determinación política y educación, un indicador que muestra la importancia de la influencia de la universidad en la política y el desarrollo económico de los pueblos. La respuesta del presidente y la llamada a la transparencia por la victoria de la misma, subraya la necesaria corrección de las normativas de gobierno anterior que fragmentan una política equitativa en el sector. El futuro de la reforma curricular dependerá de la manera en que Colombia abordará la complejidad de la autonomía, la rendición de cuentas y la innovación, factordel equilibrio en el poder por parte de los organismos gubernamentales y de su prudenteness structuring of result para garantizar la integridad del sistema académico y la inclusión del estudiante.




