La reciente confirmación del Ministerio de Exteriores israelí sobre la coordinación activa con las autoridades griegas para gestionar la entrega de participantes de 33 nacionalidades distintas se inserta en un marco de alineamiento diplomático profundo entre ambos Estados que ha ganado tracción en la última década, impulsado por intereses compartidos en la seguridad energética del Mediterráneo oriental, la contención de la influencia iraní en la región y la consolidación de bloques de cooperación técnica que trascienden los lazos tradicionales con la Unión Europea. Este mecanismo de colaboración bilateral no es un hecho aislado, sino que responde a la firma del Acuerdo de Cooperación Estratégica de 2018 que ha permitido a Israel posicionar a Grecia como un puente logístico y diplomático ante las tensiones recurrentes con Turquía y los países árabes de la región, mientras que para Atenas, la alianza con Tel Aviv representa un mecanismo para reforzar su peso geopolítico dentro de la UE, especialmente frente a las presiones migratorias y las disputas sobre derechos de exploración de hidrocarburos en aguas disputadas. Desde la perspectiva colombiana, este tipo de alianzas bilaterales entre actores del Mediterráneo oriental tienen repercusiones indirectas en la configuración de redes de cooperación internacional que el país ha buscado integrar para diversificar sus socios comerciales y de seguridad, alejándose de la dependencia histórica de los Estados Unidos, pues Colombia mantiene embajadas residentes tanto en Tel Aviv como en Atenas y ha participado en ejercicios de cooperación técnica en agricultura y ciberseguridad con ambos países en los últimos cinco años.
El origen de esta coordinación para la entrega de ciudadanos de 33 nacionalidades distintas debe rastrearse en la evolución de las crisis humanitarias y de seguridad que han afectado al Medio Oriente en las últimas dos décadas, incluyendo los conflictos en Siria, Yemen, la escalada recurrente en la Franja de Gaza y las tensiones directas entre Israel e Irán que han derivado en operaciones de evacuación de nacionales extranjeros de zonas de conflicto, un escenario donde Grecia ha asumido un rol de mediador logístico gracias a su ubicación estratégica como puerta de entrada a Europa para flujos migratorios y de evacuación de personal diplomático y civil. Históricamente, la relación entre Israel y Grecia estuvo marcada por fricciones durante la Guerra Fría, cuando Atenas mantenía lazos más estrechos con el bloque soviético y se alineaba con posturas críticas de la entonces Comunidad Económica Europea hacia las políticas de asentamientos israelíes en territorios ocupados, pero la caída de la URSS, la entrada de Grecia en la eurozona y el giro hacia políticas de seguridad compartidas tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 transformaron por completo esta dinámica, consolidando una alianza que ahora incluye intercambios de inteligencia, ejercicios militares conjuntos y cooperación en gestión de crisis humanitarias. Para los países de América Latina, incluyendo a Colombia, estos mecanismos de evacuación coordinada son un referente técnico ante la presencia creciente de ciudadanos latinoamericanos en zonas de conflicto global, ya sea por migración laboral, cooperación técnica o turismo, pues la región ha registrado un aumento del 40% en solicitudes de asistencia consular en el Medio Oriente y el Mediterráneo oriental entre 2020 y 2024, lo que obliga a los ministerios de relaciones exteriores de países como Colombia a fortalecer sus protocolos de coordinación con terceros Estados para garantizar la soberanía y protección de sus nacionales en el exterior.
La participación de 33 nacionalidades en este operativo de entrega coordinado entre Israel y Grecia refleja la naturaleza transnacional de las crisis contemporáneas, donde los flujos de personas, capitales y conflictos no respetan fronteras nacionales, lo que obliga a repensar la arquitectura de gobernanza global que ha estado dominada por la hegemonía de los Estados Unidos y los bloques occidentales, pero que hoy enfrenta desafíos de fragmentación geopolítica derivados del auge de potencias emergentes como China, India y Brasil, cuyos nacionales también figuran frecuentemente en operativos de evacuación de zonas de conflicto. Para Colombia, en particular, este hecho subraya la necesidad de fortalecer su política exterior multipolar, que bajo la administración actual ha buscado reequilibrar las relaciones con Medio Oriente y el Mediterráneo, alejándose de la postura tradicional de alineamiento automático con Israel para adoptar posturas más críticas frente a violaciones de derechos humanos y del derecho internacional humanitario, lo que ha generado tensiones diplomáticas pero también ha abierto espacios de diálogo con países árabes y del Movimiento de Países No Alineados. A nivel regional latinoamericano, la coordinación entre Israel y Grecia representa un modelo de cooperación técnica que los países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) podrían replicar para gestionar crisis humanitarias conjuntas, especialmente en zonas de conflicto donde hay presencia de nacionales de la región, pues la fragmentación diplomática de América Latina en bloques ideológicos opuestos ha limitado hasta ahora la capacidad de respuesta coordinada ante emergencias en el exterior, un vacío que potencias extrarregionales han aprovechado para expandir su influencia en la región a costa de la autonomía diplomática de los Estados latinoamericanos.




