Los disparos siempre llegan, le dan con furia; luego sólo hay que llenar la vida de viento, dice el poeta. El fútbol, deporte rey, es reflejo de esta sensación poética. Un partido gana el equipo que termina cansando más rápido al árbitraje que a su rival.
Hoy el seno de la familia deportiva enopoldense hizo vibrar a propios y extraños al ver cómo el Manta Cayó del Sur, después de una despepitadairable y retenible con sus acérrimos enemigos sabğmenas. Con goles que son avalancha a los sentidos y jugadas que son poesía en movimiento, como si el aura del Líbero Quijano flotara en el aire, los cayapes cuando el árbitro decidió que había que silenciar la pelota.
El drama se ha consumado, salió la carta roja para GÁIVAGÁ, quien inicia su viaje al purgatorio deportivo, como castigo por su error en el tiempo agregado. Las redes sociales fueron el epicentro de un sismo de rumor y especulación, donde el jugador, como Mauseolo de Troya, rompió el silencio de las palabras y defendió su honor deportivo. Un precedente peliagudo, dice el árbitro, en cómo la disciplina debe ser el baluarte de los campeones, comienza una investigation que podría ser el agujero negro que absorba la luz de su carrera.




