Una tendencia que redefine la seguridad y la ingeniería modernas
En una cantera del estado de California, un equipo reducido de ingenieros fue testigo de un avance que podría transformar la forma en que la humanidad construye infraestructura. Frente a ellos se levantaba una imponente pared de granito blanco, un material antiguo y extremadamente duro, prácticamente impermeable. De pronto, la tuneladora cobró vida con un rugido ensordecedor. Según explicó Troy Helming, fundador y director ejecutivo de la empresa EarthGrid, el encendido de tres antorchas de plasma situadas dentro de un cabezal giratorio genera un espectáculo comparable al despegue de un cohete. En cuestión de segundos, el estruendo inicial se transforma en un chorro de plasma que alcanza los 27.000 grados Celsius, una temperatura muy superior a la de la superficie del Sol.
Durante una prueba realizada en enero, la perforadora atravesó tres metros de granito mediante un vórtice de altísima temperatura que no solo funde la roca, sino que además succiona los escombros resultantes, los cuales en ocasiones adoptan la forma de lava. Helming, visiblemente emocionado, reconoció que llevaba diez años esperando este momento. Su empresa aspira a implementar comercialmente esta tecnología, conocida como TBR, incluso el próximo año, una vez corregidos ciertos desajustes en la dirección de la perforación detectados durante los ensayos.
El factor geopolítico que dispara la demanda
Aunque soterrar cables eléctricos, subestaciones, centros de datos y otras infraestructuras críticas ofrece enormes beneficios en materia de seguridad, durante décadas esta opción fue considerada prohibitiva por sus elevados costos y complejidad técnica. Sin embargo, empresas de ingeniería consultadas por la BBC confirman que la demanda de instalaciones subterráneas ha crecido de manera significativa, en gran parte como consecuencia de la guerra entre Rusia y Ucrania, que puso en evidencia la vulnerabilidad de las instalaciones en superficie frente a los ataques con drones y otras amenazas militares modernas.
De acuerdo con Robbie McGoran, jefe de captación de proyectos y desarrollo de negocio en la firma de construcción Joseph Gallagher, los países fronterizos con Rusia están realizando consultas cada vez más frecuentes sobre la posibilidad de instalar infraestructura subterránea. Según explicó, estas naciones se muestran extremadamente cautelosas tanto a la hora de seleccionar a los contratistas como en la planificación de las obras, priorizando la protección de los activos estratégicos. “Lo estamos notando”, afirmó el directivo, quien añadió que el impacto de los acontecimientos geopolíticos en la demanda de obras subterráneas resulta innegable.
Centros de datos, cables submarinos y lecciones de la historia
La tendencia no se limita a las redes eléctricas. El académico Alexander RE Taylor, profesor titular de comunicación en la Universidad de Exeter, ha identificado un fenómeno que denomina la “explosión de los búnkeres de datos”. Ejemplo de ello es el centro de datos Trentino DataMine, finalizado a principios de este año en el corazón de los Dolomitas italianos. Ubicado en cavernas recién excavadas a cien metros de profundidad, junto a antiguas cavidades utilizadas para almacenar vino espumante, manzanas y queso, este espacio se beneficia del frescor natural de la roca, lo que reduce significativamente el consumo energético asociado a la refrigeración de servidores.
Su director ejecutivo, Dennis Bonn, destacó que los 90 millones de metros cúbicos de roca dolomítica proporcionan una protección natural contra intrusiones físicas, interferencias electromagnéticas, eventos sísmicos y riesgos hidrogeológicos, niveles de resguardo que, según afirmó, “sencillamente no se pueden replicar en la superficie”. A esta tendencia se suma el avance en el soterramiento de cables submarinos de internet. Lane Burdette, analista sénior de la consultora TeleGeography, explicó que cada vez más cables se entierran a profundidades de hasta tres metros bajo el lecho marino, especialmente en zonas propensas a fallas, lo que ha contribuido a reducir la frecuencia de interrupciones por kilómetro desplegado.
Innovación tecnológica y desafíos persistentes
La sofisticación de los sistemas de guiado láser y giroscopios ha permitido que la construcción de túneles sea mucho más precisa en los últimos años. No obstante, los expertos advierten que los desafíos siguen siendo considerables: desde la liberación de gases potencialmente peligrosos atrapados en el subsuelo hasta inundaciones ocasionales, la perforación subterránea continúa siendo una disciplina donde el progreso suele medirse en milímetros por minuto. Mark Neller, responsable de energía para Europa, India, Medio Oriente y África en la consultora Arup, señaló que en Reino Unido aún no se observa un cambio drástico hacia la instalación subterránea de infraestructuras críticas, aunque reconoció que en contextos urbanos densos, como el proyecto London Power Tunnels, valorado en 1.360 millones de dólares y consistente en 29 kilómetros de túneles bajo la capital británica, los túneles resultan claramente necesarios.
El historiador y analista Taylor recordó que la estrategia de resguardar activos vitales bajo tierra no es nueva. Desde los túneles empleados por Al Qaeda durante la guerra de Afganistán, que supusieron un grave problema estratégico para Estados Unidos, hasta las instalaciones nucleares subterráneas de Irán, conocidas por su extraordinaria resistencia a los bombardeos, los ejemplos históricos y contemporáneos demuestran que el subsuelo ofrece una ventaja defensiva difícil de igualar. En un mundo marcado por la creciente inestabilidad geopolítica, la vulnerabilidad de las cadenas de suministro energético y la amenaza constante de ciberataques y conflictos armados, la decisión de enterrar la infraestructura crítica parece haber dejado de ser una opción excepcional para convertirse en una tendencia estructural del siglo XXI.







