Aunque el centro de Ceuta ha recuperado en parte la calma, un flujo aparentemente sin fin de personas sigue avanzando hacia la frontera, empujado por policías y soldados españoles.

Un estimado de entre 50.000 y 60.000 migrantes entraron en un pequeño territorio español colindante con Marruecos entre el jueves y el viernes, según las autoridades españolas. Si bien al menos 48.300 habían regresado a Marruecos para el viernes por la tarde, el cruce masivo provocó una reacción inmediata de los políticos de extrema derecha en Europa que parecía destinada a perdurar.
Las escenas de caos en Ceuta, el enclave norteafricano que España ha conservado durante siglos, inundaron las cadenas de noticias y las redes sociales. Juan Jesús Vivas, presidente del gobierno de Ceuta dijo que cerca de tres decenas de migrantes había muerto en su intento de cruzar y calificó la situación de “absolutamente insostenible” para un territorio con una población de unos 83.000 habitantes. Las autoridades locales afirmaron no tener previsto ningún operativo para alimentar o dar refugio a los migrantes que permanecían en Ceuta. Muchos declararon que llevaban casi dos días sin comer.







