En la reciente contrarreloj individual disputada en el Campeonato Nacional de Ruta, la ciclista colombiana demostró una planificación táctica impecable, iniciando con un ritmo conservador en los primeros cinco kilómetros para conservar la reserva de glucógeno y evitar la sobrecarga temprana del sistema cardiovascular; a partir del sexto kilómetro, ajustó la cadencia a 95 rpm, incrementando la potencia en 5 watts por cada 10 segundos, lo que le permitió mantener una velocidad media de 48 km/h sin superar el umbral anaeróbico, evidenciando un dominio del esquema de periodización de intensidad que es crítico para el terreno ondulado del Meta región.
La capacidad aeróbica de la atleta se refleja en su VO₂ máx de 68 ml/kg/min, valor que la sitúa entre los elite del ciclismo colombiano y le permite sostener esfuerzos prolongados en ascensos de más de 1500 metros de desnivel; su perfil fisiológico muestra una alta proporción de fibras tipo I, lo que se traduce en una resistencia muscular excepcional durante los sprints de montaña y en una recuperación rápida tras intervalos de alta intensidad, aspecto crucial considerando su reciente rol de madre, pues la gestión del descanso y la nutrición postparto han sido fundamentales para mantener la carga de entrenamiento de 180 km semanales sin comprometer la integridad muscular.
En términos de proyección deportiva, esta combinación de astucia táctica y solidez fisiológica posiciona a la ciclista como seria contendiente para el podio en la próxima edición de los Juegos Panamericanos, mientras que su participación activa en eventos de la Copa UCI América del Sur reforzará la visibilidad del ciclismo llanero a nivel internacional; además, su historia inspira a jóvenes deportistas de la región del Meta, fomentando la creación de programas de desarrollo juvenil que, a su vez, podría elevar el número de talentos emergentes y consolidar al Meta como una potencia emergente en el panorama del pedalismo sudamericano significativo.




