El ecuatoriano que protagonizó el segundo triunfo parcial de la edición 2026 volvió a demostrar una madurez táctica que trasciende el nivel de la competición y eleva el estándar del ciclismo de montaña en América Latina. En la última jornada, el corredor gestionó de forma magistral el consumo de potencia, manteniendo una zona de umbral aeróbico estable durante más de 45 minutos en subidas de +8 %, lo que le permitió iniciar la fase de ataque con una ventaja de 15 segundos sobre su principal rival. La elección del cambio de marcha en la curva de la montaña, sincronizado con la reducción de la cadencia a 78 rpm, optimizó la eficiencia mecánica y evitó la sobrecarga muscular, aspecto esencial para mantener la compostura en la recta final del recorrido. Además, el manejo de la aerodinámica, con una posición de tronco ligeramente más inclinada, redujo el coeficiente de arrastre (Cd) en un 4 %, lo que resultó decisivo en la última prueba contrarreloj, consolidando así el segundo parcial de la edición.
Desde el punto de vista estratégico, el equipo de soporte del ciclista ecuatoriano implementó una táctica de “carga progresiva” que se alineó con la configuración del perfil del recorrido, caracterizado por tres ascensos críticos que dividían la carrera en bloques de alta intensidad. La decisión de colocar al líder en la segunda posición del pelotón durante los primeros 30 kilómetros permitió ahorrar energía al crear una zona de vórtice que redujo la resistencia del aire para el corredor principal. Al llegar al primer ascenso, la orden de “cambio de ritmo” activó una serie de sprints secos que desestabilizaron a los rivales, obligándolos a gastar reservas glucémicas de forma anticipada. La gestión del suministro de glucógeno mediante geles de fructosa y maltodextrina, acompañada de hidratación con electrolitos, evitó la aparición de hipoglucemia, manteniendo la potencia sostenida superior a los 350 W en los momentos críticos. El resultado fue una consolidación del liderato intermedio y una presión psicológica que dejó a los contrincantes sin margen de maniobra para responder.
En términos de repercusión para el Llanero y la región del Meta, este logro tiene implicaciones estructurales significativas. La visibilidad que genera el éxito del ecuatoriano en la etapa parcial refuerza la credibilidad de los programas de desarrollo deportivo locales, impulsando la inversión en infraestructuras como circuitos de entrenamiento de alta altitud y centros de fisiología del ejercicio. Además, el desempeño evidencia la eficacia de los métodos de periodización adoptados por los entrenadores del Meta, los cuales combinan bloques de carga oxidativa con sesiones de fuerza explosiva, alineados con los principios del entrenamiento de resistencia de montaña. A futuro, el equipo se perfila como candidato serio al título general, y la experiencia acumulada servirá de referente para la estructuración de planes de talento juvenil, potenciando la continuidad de la excelencia deportiva en el Llano.




