La participación de Barranquilla este sábado en el mayor ejercicio de ciencia ciudadana del planeta, que utilizará como nodos operativos el Gran Malecón y la ciénaga de Mallorquín, trasciende la dimensión local de una actividad de recolección de datos para posicionarse como un hito en la reconfiguración de las políticas públicas de ciencia, tecnología e innovación (CTeI) en Colombia, un país que históricamente ha concentrado el 78% de su inversión en CTeI en los triángulos de oro de Bogotá, Medellín y Cali, según el último informe del Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (MinCiencias). Este ejercicio masivo, que convoca a miles de ciudadanos sin formación científica previa para documentar biodiversidad, calidad de aire y dinámicas socioambientales en ecosistemas críticos como la ciénaga de Mallorquín —uno de los humedales más importantes del Caribe colombiano, catalogado como Reserva Natural de los Humedales de la Convención Ramsar—, rompe con la narrativa elitista que ha rodeado a la ciencia nacional durante décadas, al validar el conocimiento situado de las comunidades costeras como insumo fundamental para la toma de decisiones públicas a nivel nacional. La apuesta por ubicar este nodo global en espacios públicos como el Gran Malecón, que recibe más de 2 millones de visitantes anuales, no es casual: responde a la estrategia del gobierno nacional de descentralizar la CTeI y vincular a poblaciones históricamente excluidas de los procesos de generación de conocimiento, lo que podría redefinir la manera en que el Estado colombiano diseña políticas ambientales, de salud y de desarrollo urbano en los próximos 10 años, al contar por primera vez con bancos de datos masivos, validados y georreferenciados construidos de manera participativa por la ciudadanía.
El uso de la ciénaga de Mallorquín como eje de este ejercicio de ciencia ciudadana cobra especial relevancia nacional si se considera que el 60% de los humedales de la Costa Caribe colombiana han perdido más del 40% de su extensión en las últimas dos décadas, según datos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), y que la presión urbana, la contaminación por vertimientos industriales y domésticos, y el avance de la frontera ganadera han puesto en riesgo la seguridad hídrica de más de 1.2 millones de personas en el área metropolitana de Barranquilla. A diferencia de los estudios científicos tradicionales, coordinados exclusivamente por universidades o entes gubernamentales con tiempos de ejecución que superan los 18 meses, este ejercicio global permitirá obtener datos en tiempo real de parámetros como niveles de oxígeno disuelto, diversidad de avifauna y presencia de microplásticos, información que será pública y accesible para organizaciones sociales, autoridades locales y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, lo que reduce la asimetría de información que ha perpetuado la impunidad en delitos ambientales en la región Caribe. En el contexto nacional, esta iniciativa también interpela la efectividad de la Ley 1951 de 2019, que regula la ciencia ciudadana en Colombia, pues aunque la norma reconoce la participación de la ciudadanía en procesos de investigación, no establece mecanismos vinculantes para que los datos recolectados por ciudadanos sean integrados obligatoriamente en los planes de desarrollo territorial, un vacío legal que el Congreso de la República debate actualmente en el marco de la reforma a la Ley de CTeI que se tramita en el legislativo desde el primer semestre de 2024.
La escala de este ejercicio en Barranquilla, que se proyecta como el nodo con mayor participación ciudadana en Latinoamérica según los organizadores globales, plantea un escenario de escalabilidad nacional que podría transformar la relación entre el Estado colombiano y sus ciudadanos en temas de interés público, especialmente en un contexto donde las encuestas de opinión del Centro Nacional de Consultoría indican que solo el 32% de los colombianos confía en las instituciones científicas del país. Si este modelo de ciencia ciudadana se replica en otros ecosistemas críticos como el Amazonas, el Pacífico y los páramos andinos, Colombia podría cubrir los vacíos de información que actualmente limitan la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y las metas del Acuerdo de París, pues la cobertura de monitoreo ambiental actual del Ideam abarca apenas el 18% del territorio nacional debido a restricciones presupuestales. A nivel estructural, la experiencia que se recoge este sábado en el Gran Malecón y la ciénaga de Mallorquín servirá de insumo para la formulación del próximo Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030, donde el gobierno nacional ha anticipado que la democratización del conocimiento será uno de los ejes transversales, al tiempo que posiciona a Colombia como un referente regional en la integración de la ciudadanía en la gobernanza ambiental, un reconocimiento que podría atraer inversión extranjera dirigida a proyectos de conservación y adaptación al cambio climático, vitales para un país que pierde anualmente el 0.6% de su cobertura forestal y enfrenta eventos climáticos extremos que han costado más de 12 billones de pesos en daños materiales en la última década.




